Un aforismo Zen dice:
"La condición de Buda viene de la liberarse de toda
dependencia"
Una anécdota Zen muestra esta conversación entre el monje
Chao-chou, en la antigüedad, en una pregunta a su maestro Nanchiron.
-¿Cuál es el camino a seguir? (considerando el Tao)
- Tu naturaleza y la mente natural.
-¿Qué debo hacer para recorrerlo en paz y armonía?
- Si intentas vivir en armonía con él, inmediatamente te
desviarás del Tao.
-Pero si no lo intento... ¿Cómo podré saber que vivo de
acuerdo a él?
-El Tao está más allá del saber ó no saber. Querer saber es
interpretar mal. No saber es ignorancia.
Según la tradición, Buda, después de seis años de prácticas
meditativas, quiso enseñar a sus seguidores como tenían que vivir para evitarse
muchas penalidades, y alcanzar la iluminación personal. Posteriormente, sus
discípulos recogieron estas recomendaciones en un texto conocido como "El
óctuple sendero"
Caminar según las pautas de esta senda es una opción
voluntaria hacia el despertar de la consciencia.
El óctuple sendero contempla al ser humano en su totalidad,
y te propone una conducta justa para cada momento de la vida cotidiana.
La palabra recta o justa se encuentra en sus ocho
recomendaciones extendiéndose como tal la actitud y el comportamiento limpio,
sincero, exento de falsedad, egoismo, rencor, miedo, envidia ó tolerancia.
El fundamento ético de esta vía tiene su raíz en la
conveniencia de hacer el bien, ser tolerante, generoso, compasivo, paciente,
etrc.; y todo ello con mente consciente en el acto presente, actual y en el que
se realiza la acción según esta vía, experimentando en ello lo justo, la
presencia del ser en ese acto justo que implica a toda la dimensión del ser
humano protagonista de una corrección, de justicia, de felicidad.
El "óctuple sendero" se compone de
estas ocho reglas:
1. La justa comprensión.
Observar el momento, lo que ocurre, implicando los
sentidos en el aquí y ahora de nuestro ser interior, presente en nuestra vida
que, con el instinto natural humano en el ser cuidado y sano, trabajando en
sinergia con la naturaleza de nuestro entorno; y la comprensión se hace
correcta percibiendo, así, los hechos con nitidez, exactitud y objetividad. Se
juzga, entonces, imparcialmente y se razona con rigor, sabiduría y comprensión.
2. El justo pensamiento
En el proceso de observación, se experimenta conscientemente
el devenir de pensamientos que surgen en la mente, como reacción de observar lo
que ocurre alrededor y en nuestro interior en tal momento pen este presente y
se resuelve por sentimientos de paz y justicia eligiendo el correcto y justo
pensamiento. Para ello es necesario eliminar la codicia y la avidez y cerrar la
puerta a pensamientos como rencor, violencia, venganza, envidia, desprecio y
orgullo. Todo ello incluso cuando nuestros semejantes no sean justos con
nosotros. Para ello es necesario un estado cuidado y sano del ser para que los
sentidos y el instinto natural humano esté exento de error.
3. La palabra justa
En esta vivencia la observación del
momento y el justo pensamiento necesita sentir y acompañar un correcto sentir
presente con una palabra justa que mantenga el momento en justicia, correcto
equilibrio y estado de felicidad. Para ello es necesario ser correcto en la
expresión y acompañarla siempre de cordialidad, respeto y, por tanto, hablar
con sensatez huyendo del cinismo, la soberbia y la falsa humildad.
Aprender, cuando sea necesario, a discrepar cortésmente, sin
alterarse, ni ofender al otro es además algo necesario pues, discrepar, no
significa ser enemigo. Por supuesto, es importante escuchar a los otros con
intención e interés, ya que la verdad se suele manifestar, a veces, de forma
caprichosa y puede venir por parte de alguien que asumimos contrario y no
fiable.
4 El justo comportamiento
El devenir, en sintonía de los tres puntos anteriores,
conduce, desde una observación justa, a comportarse con justicia que, en
continuidad con el sentimiento presente asociado, permite un comportamiento
justo. ¿Qué ocurre entonces? Que se cumple gustosamente y del mejor modo con
las obligaciones y deberes de la vida cotidiana. Los obstáculos a esta conducta
se encuentran en la pereza, la indiferencia, la agresividad, el mal humor y el
egoismo.
En el terreno de lo concreto, y respetando las ideas
religiosas de cada uno, podría afirmarse que los diez mandamientos de Moisés
constituyen la mejor guía para un comportamiento justo.
5 El justo medio de vida
Cada persona necesita satisfacer y costear sus necesidades
vitales (sexo-cultura-ocio, alimento, abrigo, higiene) con ayuda de un
esfuerzo-trabajo.
No todo viene a ser relativo, no todo da igual porque hay
formas o medios injustos de obtener las cosas que causan daño a otras (pocas ó
muchas) personas.
Nuestra sociedad educa al individuo para competir contra
todos, ya sea por un puesto de trabajo, una plaza escolar, destacar en
cualquier ámbito,, etc,; pero esta realidad, fácil de entender que es injusta y
crea desequilibrio emocional y social, no justifica la tentación, por normal o
habitual, el hecho de recurrir a medios desleales a la naturaleza social humana
y exentos de escrúpulos. Todos tenemos derecho a progresar, pero sin engaños,
sin pisar ni despojar a nadie de lo que le pertenece por naturaleza
6 La justa aspiración o esfuerzo
Dice la ley del Karma, con gran acierto, que; "los
seres son dueños de sus acciones y herederos de los frutos que las mismas
producen más pronto o más tarde". Un refrán castellano resume la misma
idea con estas palabras: "Cada cual es hijo de sus obras"; entre
otras muchas cosas, ambas sentencias quieren enseñarnos que la suerte, o la
adversidad, no dependen nunca de un hecho aislado, sino de un conjunto de
circunstancias acumuladas por la forma de ser o actuar de la persona.
Los pensamientos generan acciones y éstas desembocan en
resultados buenos ó malos, de acuerdo a lo que la mente ha proyectado. Buda nos
insta a estar atentos y cerrar la puerta de la mente a todos los pensamientos ó
ideas negativas y a expulsar los que allí se encuentran, aceptando sólo
imágenes y sentimientos de paz y felicidad.
Por eso poner freno a los deseos inmoderados, y buscar una
mente meditativa que permita la experiencia del despertar de la consciencia ó
mente consciente -satori- ó sentir lo justo y necesario en cada momento, en paz
con el entorno, haciendo honor a la cita que la Biblia indica sobre Jesús;
"mirad los lirios como se mueven, en su belleza sin preocupación, según
sopla el viento; sed como ellos y no os preocupéis por el mañana, centraos en
el presente pensando que mañana es otro día, otro momento y tiene su propio
afán". Así, con su experiencia (Jesucristo) tiene justificación los
pecados capitales que Budha define como excesos y desequilibrios que en sus
respectivas emociones se generan:
-
Soberbia.
-
Avaricia.
- Lujuria
- Ira.
-
Gula.
- Envidia
- Pereza
Saber la justa medida de las cosas ayuda, en un equilibrio,
a vivir de acuerdo a las leyes de la naturaleza.
7 La justa atención
Algunas artes marciales, como el aikido, el karate, el yudo,
el jujitsu, enseñan al budoka el modo de adaptar una actitud de vigilancia
permanente, capaz de percibir todo, sin necesidad de fijar la atención en
ningún detalle concreto, porque en el combate cualquier descuido o distracción
puede acarrear la derrota.
En la vida cotidiana se actúa con justa atención, realizando
todas la tareas con cuidado y esmero, estando PRERSENTE EN LO QUE SE HACE EN UN
PERMANENTE AQUÍ Y AHORA.
Así, la correcta atención no consiste en fijar intensamente
el espíritu en algo concreto ignorando todo lo demás, sino que mientras la
persona permanece atenta al motivo principal, percibe al mismo tiempo, con
claridad, exactitud e inmediatez, todo lo que ocurre en su entorno.
8 La justa concentración
Los expertos recomiendan al principiante que antes de
iniciarse en la meditación, aprenda el modo de concentrar la mente.
Concentrarse equivale a mantener la atención focalizada en
el motivo principal, sin ser distraída por nada, hasta el punto que cuando se
llega a la justa concentración, sujeto y objeto se han unificado sin
consciencia de una identificación, durante la que se alcanza un grado de
discernimiento superior.
La práctica del Zazen se revela como un buen ejercicio para
adiestrar la concentración de la mente en las fases respiratorias, sin atarse a
ninguna idea ni pensamiento; llegados a este punto y antes de definir la justa
concentración en el ámbito Zen, nosotros sugerimos, desde nuestras experiencias
individuales, antes de iniciar la práctica Zen de meditación buscando una justa
concentración, ya sea en posturas Zazen, loto o semiloto, el rezar
concentrándose agradeciendo lo que se tiene y se ha vivido en el día presente y
pedir, después, a Padre Celestial (Dhyos supremo) previa petición a tu ángel de
la guarda honestidad y sinceridad durante la oración.
Aquello que te ayuda a progresar como persona atendiendo a
los conceptos aquí explicados, desde el punto de vista Zen, consiguiendo una
unión natural entre cuerpo mental, físico y astral y crea armonía con los otros
cuerpos que forman el ser superior de cada individuo, el rezar previamente
permite una concentración natural que, en posición adecuada, la meditación Zen,
se ve favorecida, sobre todo para un principiante, pues el estado meditativo en
concentración se consigue con mayor facilidad y te puedes encontrar sorpresas
como que tu ángel de la guarda, cuando hay una actitud que lo permita, se
comunique contigo.
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